25.4.07

La psicología del éxito (escolar)

Recomendaba Guy Kawasaki en su blog, hace ya más de un mes, que dejáramos todo y leyéramos el artículo The Effort Effect (Stanford Magazine) sobre el trabajo de la psicóloga Carol Dweck, a quien podemos ver exponiendo sus ideas en este vídeo:

La principal idea de Carol Dweck es que el éxito o el fracaso no dependen tanto de la capacidad innata como de la disposición mental ante la propia capacidad y talento.


Existen dos tipos de disposición mental: prefijada o de crecimiento. Las personas con una mente orientada al crecimiento ven la vida como una serie de retos y oportunidades para mejorar, mientras que las que tienen una mentalidad prefijada o preconcebida creen que el esfuerzo no merecerá la pena pues hagan lo que hagan nada cambiará, especialmente si tienen una baja consideración de su capacidad. Las que tienen una alta consideración preconcebida de su capacidad consideran que su talento natural les permite no tener que esforzarse tanto como los demás y, en cualquier caso, procurarán evitar poner su alto concepto de sí mismas en retos nuevos o situaciones de riesgo. Carol Dweck desarrolla estas ideas en el libro "Mindset: The New Psychology of Success", fruto de 30 años de trabajo.

Este diagrama creado por Nigel Holmes resume los dos tipos de mentalidad. Viene a decir lo siguiente:

En la mentalidad prefijada la inteligencia propia se considera predeterminada y, por tanto, una capacidad estática que no va a cambiar. Conduce a un deseo de “salvar la cara”. Evita los retos, se rinde con facilidad porque desconfía de su capacidad, ve el esfuerzo como algo inútil o peor, ignora la crítica útil, se siente amenazado por el éxito de otros. En consecuencia, dejan de progresar de forma temprana y sus resultados están por debajo de su potencial. Se suele tener una visión determinista del mundo.

En la mentalidad de crecimiento la inteligencia es vista como algo que puede crecer y ser desarrollado. Conduce a un deseo de aprender y, por tanto, una tendencia a asumir retos, persistir ante los contratiempos y reveses procurando analizar qué ha ido mal o por qué no ha funcionado, ver el esfuerzo como el camino a la maestría, aprender de la crítica, encontrar inspiración y lecciones en el éxito de los demás. Como consecuencia, sus resultados pueden llegar a niveles más altos y se desarrolla una mayor confianza en la propia voluntad.

En una encuesta que Dweck llevó a cabo, preguntaba que si a un hijo que se considera brillante y se desea que tenga éxito, se le debería decir lo inteligente que es. El 85 % de los padres y madres contestaron que sí. Su investigación en niños y niñas de 5º muestra que no es lo más conveniente. Las etiquetas, incluso las positivas, son perjudiciales. Pueden desarrollar una mentalidad fija o preconcebida, con todo lo que ello conlleva, desde ansiedad por no decepcionar a una tendencia a abandonar de forma temprana. Los calificativos, incluso los bienintencionados, pueden minar la motivación y disfrute del aprendizaje y perjudicar la actuación del niño. Aunque el estudio de Dweck se centra en los elogios a la inteligencia, sus conclusiones son aplicables a otros talentos y capacidades. Algunas recomendaciones del libro de Dweck son las siguientes:

  • Presta atención a lo que dices a tus hijos y los mensajes que envías sobre su disposición mental.
  • En lugar de elogiar la inteligencia o talento de tus hijos, céntrate en los procesos que desarrollaron. Ejemplos:
  1. “Eran muchas tareas y no eran fáciles. Admiro cómo te has concentrado en tu trabajo y has conseguido acabar todo.”
  2. “Ese dibujo tiene muchos colores bonitos. ¿Cómo lo has conseguido hacer?”
  3. “Has reflexionado mucho para conseguir hacer este trabajo. Me hace pensar sobre ese asunto de una forma diferente.”
  • Cuando el niño hace las cosas mal, hay que ayudarle a mejorar con crítica constructiva que le ayude a entender cómo arreglar el problema, en lugar de etiquetar o excusar al niño.
  • Analiza los objetivos que deseas que consiga tu hijo; tener un talento innato no es un objetivo, pero desarrollar destrezas y expandir su conocimiento proporcionándole información y medios para conseguirla y entenderla sí son objetivos en los que puedes ayudar a tu hijo.
  • Sin embargo, no te preocupes si elogias a tus hijos por su bondad innata. Es importante que los niños aprendan que son básicamente buenos y que sus padres les aman de forma incondicional. El problema suele surgir cuando los padres elogian a sus hijos de un modo que les hace sentir que son buenos y merecedores de amor sólo cuando se comportan de la forma particular que complace a sus padres.

    (Esta entrada es en su mayor parte traducción de los contenidos expuestos por G. Kawasaki en su blog)

2 comentarios:

marenas dijo...

Estoy de acuerdo con lo expuesto en el artículo. Perdemos mucho tiempo en poner etiquetas que determinan y paralizan.

Un saludo

José Luis Cabello dijo...

Comparto tu opinión; se suele cometer el error de calificar a la persona en lugar del comportamiento o el proceso de realización de una tarea y analizar en qué se puede mejorar.

Saludos y enhorabuena por tus blogs, a los que estoy atento.